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22 febrero, 2011

Moneda de 5 Bolívares de plata de 1919
Inicialmente, todas las especies de monedas fueron acuñadas a expensas del gobierno venezolano, a excepción de los billetes cuya edición encargaban algunos bancos privados hasta la creación del Banco Central de Venezuela, mediante una ley promulgada el 8 de septiembre de 1939, durante la presidencia del general Eleazar López Contreras.
Durante 1988, se produjo en Venezuela una escasez de monedas. Debido a una fuerte devaluación, el valor del material con el que estaban hechas las monedas de uno y dos bolívares (níquel) superó su valor nominal. El efecto de este fenómeno fue una masiva fundición de las mismas por parte de personas que pretendían extraer el níquel para comercializarlo en forma ilegal. En 1989, el Banco Central de Venezuela, bajo la presidencia del economista y banquero Pedro Tinoco, para paliar esta situación puso en circulación billetes de uno y dos bolívares, conocidos popularmente como “Tinoquitos” o “Billetes de Monopolio” por sus dimensiones reducidas respecto a los billetes estándares en circulación. El rápido deterioro de éstos y el surgimiento de una nueva aleación económica para la fabricación de monedas hizo que su circulación se detuviera en 1990.
En 1998 se introduce un nuevo cono monetario debido al crecimiento de la inflación y la devaluación del bolívar, el cual consta de monedas por valores de 10, 20, 50, 100 y 500 bolívares, todas ellas de color plateado con una aleación de acero chapado de cuproníquel. Un año más tarde y tras el cambio del nombre oficial del país, se vuelven a emitir con la denominación de "República Bolivariana de Venezuela". En 2002, las monedas de Bs 10 y Bs 20, de muy escaso uso, pasan a fabricarse en aluminio también con color plateado, pero mucho más ligeras.
No fue sino hasta el 4 de diciembre de 2006 cuando apareció la primera moneda circulante con valor facial de un mil bolívares (Bs. 1.000,00);[4] que a su vez es la primera moneda bimetálica en la historia de la numismática venezolana. El diámetro nominal de esta moneda es de 24 milímetros (un poco menor que la moneda de Bs. 500) y 8,5 gramos; el borde es liso con la inscripción repetida de "BCV1000" y su diseño es similar al de las actuales monedas de Bs. 1, salvo que cuenta con un anillo externo fabricado con una aleación de bronce-aluminio (cobre, aluminio y níquel) de color amarillo.

 Reconversión monetaria


El 6 de marzo de 2007 el Banco Central de Venezuela y el Poder Ejecutivo de la República aprobaron una reconversión monetaria que entró en vigencia el 1 de enero de 2008 con la publicación en la gaceta oficial N° 38.638 por iniciativa del presidente Hugo Chávez.
Esta reconversión introdujo de un nuevo símbolo monetario para el bolívar denominado transitoriamente como bolívar fuerte (Bs.F) equivalente a Bs 1.000 no reconvertidos y cuya tasa de cambio, al momento de su primera emisión, fue de Bs.F 2,15 por dólar estadounidense. Para hacer paulatina la introducción de la nueva divisa monetaria, se decretó un período de transición entre las divisas no reconvertidas VEB y las nuevas VEF hasta que el público y el comercio se habitúasen a ellas. Ésta es la cuarta reforma monetaria ocurrida en Venezuela, desde su inicio en la vida republicana en 1811.
El 24 de octubre de 2007 se presentaron al público los nuevos diseños de la moneda en denominacione de 1 bolívar fuerte, y céntimos de 50; 25; 12,5; 10; 5 y 1. Los billetes se emitieron en denominaciones de 100, 50, 20, 10, 5 y 2 bolívares fuertes.[5]
Para 2008, circulaban en Venezuela simultáneamente las monedas no reconvertidas y las nuevas del bolívar fuerte, siendo necesario reconvertir en la práctica para las transacciones mercantiles comunes, de la siguiente manera:[6]
Monedas en VEB Monedas en VEF
Bs. 1 sin equivalente
Bs. 2 sin equivalente
Bs. 5 sin equivalente
Bs. 10 1 céntimo
Bs. 50 5 céntimos
Bs. 100 10 céntimos
sin equivalente (Bs. 125) 12⅛ céntimos
Bs. 500 50 céntimos
Bs. 1.000 Bs.F 1
 Billetes en VEB Billetes en VEF
Bs. 1.000 Bs.F 1 (solo en moneda)
Bs. 2.000 Bs.F 2
Bs. 5.000 Bs.F 5
Bs.F 10.000 Bs. 10
Bs.F 20.000 Bs.F 20
Bs.F 50.000 Bs.F 50
sin equivalente (Bs. 100.000) Bs.F 100




        Justificación de la reconversión monetaria

 Con la intención de reducir la inflación y facilitar el sistema de pagos nacionales adecuándose a los estándares internacionales respecto a las cifras y el número de billetes que debería portar cada persona, el bolívar fuerte intenta recuperar la estabilidad[7] que alguna vez tuvo el bolívar que mantuvo un tipo de cambio con variaciones mínimas respecto al dólar de Estados Unidos desde 1879 hasta 1983, año en el que el llamado viernes negro desplomó la moneda y la llevó a un proceso devaluatorio que supero el 50.000% desde 1983 hasta 2007.[8]

Venezuela ha sido manipuladora de su estatus e indicadores económicos; subdependiente del petroleo en su vida comercial y basado en éste; Nunca ha dado el valor real a su moneda, más aún hoy día teniendo en cuenta la política de gastos y recortes iniciada por el actual gobierno desde los años en que inicia la industrialización petrolera y hasta los años 80 tuvo una gran estabilidad económica y especialmente monetaria, donde el circulante nacional el Bolívar, tuvo un valor constante; pero inestable con respecto a divisas extranjeras, tanto así que el Bolívar era manipulada para conseguir su estátus de una de las monedas más estables del mundo para esa época; hasta que, la economía Venezolana se fue develando en su realidad alterada; y el signo visible de esta fue el impacto monetario que se vio el viernes 18 de febrero de 1983 (conocido como el Viernes Negro), cuando la moneda venezolana inició su proceso devaluativo, así como el proceso inflacionario se fue denotando en su incorregible realidad. Hasta años más tarde, la moneda venezolana se ha mostrado como es, devaluándose más de un 55.000%; y reflejando con ello el delicado estado económico de Venezuela. Es por esto que, desde el año 2004, el Banco Central de Venezuela y el Congreso Nacional empiezan bajo esta causa a estudiar, por ende a aplicar una política económica más realista y acorde con la realidad del país; ya que en la actualidad Venezuela cuenta con un crecimiento económico que puede y podría respaldar a futuro esta clase de políticas y medidas económicas; no es sino hasta el 6 de marzo de 2007 que se aprueba y se publica en Gaceta Oficial, dando curso al inicio de una serie de cambios en el aparato económico venezolano; con su subsecuente contextualización y adaptación al marco real de la industria y el mercado financiero económico actual.
Pero como una reacción colateral, el actual proceso de cambio se ha estancado, dadas las actuales circunstancias económicas mundiales, entre ellas una muy sensible para Venezuela con la caída de los precios internacionales del petróleo, así como su posterior y muy lento proceso de recuperación de tarifas; sumado con el desabastecimiento del mercado interno venezolano en cuanto a productos de consumo básicos dentro de la canasta familiar, como consecuencia de las medidas proteccionistas del Gobierno Federal para con su industria nacional; han hecho que ésta medida se torne muy desconveniente con el actual acontecer, ya que ha hecho que lo que en principio se planeó (reducción de la devaluación e inflación causada), desaparezca y se aumente la devaluación real del Bolivar, así como se han incrementado de manera sensible los precios al consumidor; siendo en estos momentos considerada esta lista de medidas como un paño de agua tibia para los graves problemas estructurales de la economía venezolana; golpeada por su poca diversificación, y la dependencia casi que completa de un sólo producto de exportación.
               Beneficios que busca
Facilitar las transacciones comerciales en Venezuela y reducir la inflación a un dígito anual al tener un nuevo bolívar (Bolívar Fuerte) que mantenga intrínseco su valor y restablezca el valor estable del dinero.
Reducir el cono monetario (conjunto de monedas y billetes de diferentes denominaciones), por lo que se disminuirá la tenencia per cápita de papel moneda. Esto se hace para adecuar el sistema monetario a los estándares internacionales, que establecen la tenencia promedio de 12 a 16 billetes por persona.
Al simplificarse y adecuarse el efectivo en manos del público, se contribuirá a dar mayor eficiencia al sistema de pagos.
Simplificar el manejo de cantidades por parte de las personas e instituciones públicas y privadas, con lo que se facilitarán los procedimientos contables y de registro de cifras del sistema financiero. Esto disminuirá los gastos operativos y producirá importantes ahorros en la economía en términos de tiempo y recursos.
Asimismo, se prevé con la reconversión monetaria darle racionalidad y agilidad a las transacciones y se logrará un uso más eficiente de los sistemas de cómputos.
Facilitar la elaboración, el manejo y la ejecución de los presupuestos del Gobierno Nacional, de las demás instancias de poder regional y local, así como de las empresas privadas.
Consolidar la confianza en la moneda nacional, con efectos psicológicos positivos en las expectativas económicas de las personas. A largo plazo se abaratará el costo de emisión monetaria por una mayor vida útil de las monedas.
Eliminar el impacto inflacionario del efecto que produce la escasez actual de sencillo o billetes y monedas fraccionarias.
     Cuestionamientos a la reconversión
A los argumentos de la Asamblea Nacional, algunos adoptados por el banco central, se han realizado críticas de importancia. Entre otras:
La reconversión no reducirá la inflación a un dígito anual: ya que la causa de la inflación es la expansión monetaria de origen fiscal y no la expresión nominal de la moneda[9] [10] [11]
No podrá mantenerse la tenencia promedio de 12 a 16 billetes por persona: si la emisión de efectivo sigue creciendo más de 30% anual y la población crece menos de 1,7% anual pronto se volverá a necesitar la impresión de nuevas divisas con un valor mayor.
No se simplificará el manejo de cantidades por parte de las personas e instituciones públicas y privadas en todos los casos, puesto que se introducirán monedas fraccionarias sin poder de compra individual, requiriéndose en cantidades significativas para hacer compras al detal. Por otra parte, las nuevas monedas reconocen dos decimales (tres en el caso de la locha) y una coma, por lo que su definición dejará intactos los tres dígitos que se eliminarían con la reconversión (e incrementaría en uno con la introducción de la locha). Por esto no se facilitarán los procedimientos contables y de registro de cifras del sistema financiero en todos los casos, ni se logrará un uso más eficiente de los sistemas de cómputos, ni se facilitará la elaboración, el manejo y la ejecución de los presupuestos del Gobierno Nacional, de las demás instancias de poder regional y local, ni de las empresas privadas.
La nueva moneda no consolidará la confianza en la moneda nacional con efectos psicológicos positivos en las expectativas económicas de las personas, puesto que la inflación no se detendrá, ni el encarecimiento relativo de los alimentos y otros bienes de primera necesidad, mientras el gasto público continúe expandiendo la demanda y esta no pueda satisfacerse con producción interna o con importaciones.[11] Por el contrario, puede esperarse confusión durante la transición. La experiencia en otros países ha demostrado inclusive el encarecimiento en las primeras fases de la reconversión sólo por la apreciación subjetiva del nuevo valor.
No se eliminaría del impacto inflacionario por el supuesto efecto que produce la escasez actual de sencillo o billetes y monedas fraccionarias. En primer lugar porque el redondeo no es causa de crecimiento sostenido de los precios, sino la expansión monetaria. En segundo lugar porque la escasez de piezas no se resuelve cambiando su denominación, sino emitiendo las piezas faltantes. Y en tercer lugar porque más del 90 % de los 22.000 precios que componen el IPC terminaban en cero en febrero y menos del 1,5% tenían números decimales.
        Costo de la reconversión
Según estimaciones del director del ente emisor, la reconversión le costará al Estado Venezolano unos Bs.700.000.000.000 (Setecientos mil millones) de bolívares y otros Bs. 700.000.000.000 (Setecientos mil millones) para el resto de los agentes económicos del país, convirtiendo su precio a la nueva moneda serían 700 millones de Bs.F. y en dólares tendría un costo de aproximadamente 320 millones.
La licitación la concursaron entre estos 12 países para la impresión de las notas bancarias; aún está sin ser asignada y participaron en ella: Italia, Suiza, Alemania, Inglaterra, Canadá, Rusia, Sri Lanka, Finlandia, China, Corea del Sur, Holanda, Bolivia y Venezuela

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